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El
Granizo es un fenómeno atmosférico poco usual,
ya que en su nacimiento y en su evolución se
han de dar ciertas condiciones y circunstancias, que a continuación
pasarán a explicarse, y que vienen determinados por
procesos pautados y de irremisible cumplimentación.
Para comenzar, cabe indicar que el Granizo sólo se
forma en los Cumulonimbus que están muy desarrollados.
Los Cumulonimbus son aquellas nubes que se caracterizan por
ser grandes nubes de tormenta cuya cima presenta una forma
plana. Pueden alargarse hasta alcanzar los quince mil metros
de altura, y además del Granizo, se encargan de producir
las Tormentas y los Tornados.
El
Granizo es una de las formas de precipitación y se
llega a originar cuando corrientes aire ascienden al cielo
de forma muy violenta. Las gotas de agua se convierten en
hielo al ascender a las zonas más elevadas de la nube,
o al menos a una zona de la nube cuya temperatura sea como
mínimo de 0º Centígrados, temperatura a
la que congela el agua. Conforme transcurre el tiempo, esa
gota de agua gana dimensiones, hasta que representa lo suficiente
como para ser incontenible y permanecer por más tiempo
en suspensión. Es entonces cuando, arrastrándose
en su caída entre medias de la nube, se lleva consigo
las gotas que va encontrando en su camino.
Quizás sea lo suficientemente gráfico –aunque
no lo más acertado– indicar que lo que parece
formarse en el cielo, en ese momento, es algo muy similar
a lo que sucede en el interior de una coctelera cuando s e
agita. Pues las gotas de agua que ascienden, vuelven a bajar
y al golpe de impulsos de aire persigue ese vaivén,
hasta que engorda tanto que no puede hacer otra cosa que caer.
En el arrastre producido, el pequeño trozo de hielo
va adquiriendo grosor debido a las finas capas que va adquiriendo,
y que se van adhiriendo a él.
La velocidad de la caída varía de forma proporcional
no sólo al peso de la piedra de Granizo, sino al temporal
que alrededor se está produciendo.
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